Presentación

 
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Presentación
 
 
SOY POEMAC!
CARLOS H. MACCHIAROLI

(Buenos Aires - Argentina)

Acontece que escribo, no porque el aire es gratis, tampoco hago un esfuerzo, ni siquiera me lo propongo. Simplemente fluyen los pensamientos y se me da la gana, ahora costumbre, de dibujar con palabras lo que pienso, siento e imagino.
Por extraña circunstancia que (Después de toda una vida) aún no alcanzo a comprender, la mayoría de las veces fluye en forma de poemas que según el ánimo, el día, la hora, la humedad y la cotización de la bolsa, pueden ser buenos poemas de esos que enamoran, o poemas indigeribles de esos que desenamoran
la relación autor - lector (también puede suceder con las novelas, cuentos, ensayos y todo lo que escribo).
De todos modos o de ambos, me importa nada.
Solo escribo porque fluye
como cuando respiro
(porque el aire es gratis).

MIS LIBROS EDITADOS

Asuntos de pueblo (novela)
Sentimientos (poemas y cuentos, autores de Roque Pérez)
Sólo poesías - tomo I
Sólo poesías – tomo II
Cuentos para soñar – Tomo I
Cuentos para soñar – tomo II
La negra Barrientos (cuento)
Sólo poesías – tomo III
Sólo poesías – tomo IV.
Roque Pérez y su gente – tomo I
Roque Pérez y su gente – tomo II
Roque Pérez y su gente – tomo III
Roque Pérez y su gente – tomo IV
Roque Pérez y su gente – tomo V
El fallao Tamundio (cuento)
Viernes 13 (cuento)
El restaurador de muebles (novela)
Ojo del Tigre (cuento)
El fatiga (cuento)
Secretos de una princesa griega (novela)
Mis poemas (poesías)
Un tal Francisco Lomar (cuento)
Pueblo mío (investigación)
Invasión a Buenos Aires (adaptación)
San Jorge (cuento)
Una chica llamada Sofía (novela)
Asuntos de pueblo II (novela)
El viaje (novela corta)
Soledad Ribera (novela)
El arca de los sueños (cuentos compartidos)
Un príncipe (novela)
Mi identidad poética (poemas)

"LAS CALLES DE MI PUEBLO"

Cuando recorro las calles de mi pueblo
Me sube a la piel una cosquillera.
Voy buscando ese niño que fui
Ese niño que soy, el que yo fuera.

Y se me llenan los ojos de nostalgias
Cuando me encuentro por las orilleras,
En tibias mañanas de lejano otoño
Juntos a otros niños, yendo a la escuela.

Y me despiertan recuerdos todos ellos
Alberto, José, Alicia, Juan, Malena.
Mi maestra de música y Osvaldo
Ese viejo maestro, periodista y poeta.

Cada vez que retorno a mi pueblo
Sube a mi piel una dulce quimera,
Tantos amigos que tuve y ya se fueron
Y cuánta gente que no conozco siquiera.

"Una sombra"

Un viento insuave
Entreabrió la puerta
Y por la fisura asoma
Vacilante y tenue
Sigilosa y fluctuante
Una temerosa sombra.

Mis ojos miran sin ver
Cuya presencia
Que la intuyo cerca,
De pronto algo me roza
De pronto oigo una voz
Apagada y hueca.

Salgo de mi cama
De un brinco feroz
Para protegerme
Y la sombra indecisa
Retrocede, se deshace
Y se pierde.

Cierro la puerta
Que el viento abrió
Y vuelvo a mi lecho,
Temeroso aun
Con pena y angustia
Y ardor en el pecho.

Qué fue esa sombra
Que apareció de pronto
Y atemorizarme quiso?
Que cuando me levanté
Y alcé mi mano
Solo se deshizo?

No creo en fantasmas
Pero estuvo aquí
Como una pálida sombra,
Porque ahora de día
Una extraña huella
Dibuja mi alfombra.


chmacchiaroli@gmail.com
 
Imagen
"Mi verso"

Te llevo conmigo en mi verso
Como el agua que lleva un río.
Pero no lo sabes, nunca dije nada
Y no sé si habré de decirlo.

Mi verso habla de un extraño amor
Que de pronto en mis ojos ha surgido,
Como esa rara flor en el desierto
Que nadie sabe cómo ha nacido.

Pero nació, está aquí, yo lo siento
Misterio de la vida que no deshilo,
Tampoco necesitaré hacerlo
Me alcanza saber que va conmigo.

Te veo llegar, te veo preciosa pasar
Y no digo nada, solo te admiro.
Extraño amor de un extraño poeta
Que se enamora de todo lo divino.

"PUEBLO CHICO, INFIERNO GRANDE"
(cuento)

Chiquitín tomó el arma con su mano derecha y le apuntó a su cabeza, cerró los ojos, apretó el gatillo y el revólver hizo "clic". Clic seco y no más. No hubo detonación, la bala se quedó dormida. Él abrió los ojos y miró de reojo al trasto viejo, que aún le apuntaba a su cabeza, lo bajó de allí y con desilusionada voz, le preguntó:
-¿Poshora?
-Nada. -respondió el revólver. -Sólo que ya no trabajo, me jubilé.
-Los revólveres no hablan -le protestó él. -Sólo disparan.
-Sí, pero yo ya no disparo, sólo hablo. -le dijo el revólver con una risita.
-¡No sirves para nada! ¡Revólver de mierda! –lo insultó rabiosamente y lo arrojó con violencia a un rincón y se marchó de ahí.
-¡Y tú tampoco! -le devolvió el revólver arrumbado para siempre en aquel oscuro rincón. Chiquitín salió a la calle, sin ganas de nada. Odiaba la vida y se odiaba a sí mismo.

La noche descendía calladamente sobre el poblado y algunas casas ya tenían las farolas encendidas. De repente, de una casa cualquiera, salió un perro cualquiera, de tamaño pequeño y lo mordió en los garrones. Chiquitín sacudió una y dos veces el pie para quitarse al perro que se le había prendido como un abrojo. Empleó todas sus fuerzas, para otra patada, y sucedieron dos cosas; se le rajó el pantalón hasta la rodilla y el perro cualquiera fue a dar al medio de la calle. La ama del can, una señora obesa y de metro setenta para arriba, salió de la casa con una escoba nueva en la mano no para barrer ni para correr al perro que mordió a aquel sujeto, sino al sujeto aquel que le pegó al perro y casi parte la escoba nueva en la cabeza del sujeto y casi raja la cabeza del sujeto aquel.

El pobre Chiquitín, que con sus últimas monedas en sus bolsillos, se dirigía hacia un bar de la calle Mitre para apagar sus penas y olvidar su inútil existencia, el perro al morderlo le cambió el rumbo de su destino, y entonces fue al hospital para que le curaran lo que el perro mordió, que no era mucho, pero con unas cinco o seis zurcidas lo arreglaban, según él y también que le bajaran un poco el chichón en la cabeza.

-¿Su nombre? -preguntó la enfermera en la sala de guardia y otra enfermera que estaba ahí, le indicó por lo bajo:
-¡Ese es Chiquitín!
-No puedo poner un alías en el registro. -le dijo una enfermera a la otra.
-Entonces pregúntale cómo se llama.
-Y eso estoy haciendo. -refunfuñó la primera enfermera mientras Chiquitín se iba en sangre, aunque eran solo tres gotitas que habían caído al piso, pero era su sangre y eso asusta y duele.
-¿Cómo se llama usted? -preguntó de nuevo Elvira, la enfermera
-El Humberto. -respondió Humberto, alías Chiquitín.
¿Cuántos años tiene?
-32.
-¿Nacionalidad?
-De acá. -dijo Chiquitín y el golpe en la cabeza empezaba a causar efecto.
-¿Estado civil?
-Solo. -respondió Chiquitín apretando los dientes, pues el tobillo también le ardía.
-Bueno, vamos a ver -habló la enfermera tranquilamente, sin apuro, claro a ella no le dolía nada. -Acuéstese en la camilla y díganos qué le ocurrió.
-Bueno, vea. Yo venía por la... - Chiquitín no pudo seguir su relato, de repente un gentío irrumpió en el hospital trayendo una embarazada a punto de parir, tan apunto que el crío ya se asomaba al revoltijo de este mundo.
Tanto la enfermera Elvira como la otra, abandonaron a Chiquitín a su negra suerte y se fueron a sala de parto con aquella mujer y toda su parentela, no sin antes decirle al paciente de la camilla: ¡Ya volvemos!

Continuará......
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